© eduardo warnholtz

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Una vez, ante un médico famoso, llegóse un hombre de mirar sombrío: "Sufro –le dijo–, un mal tan espantoso como esta palidez del rostro mío." "Nada me causa encanto ni atractivo; no me importan mi nombre ni mi suerte en un eterno spleen muriendo vivo, y es mi única pasión, la de la muerte".